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Una ilusión siempre renovada

Presentar mi novela por tercera vez en Madrid y seguir teniendo mucho público, grandes amigos, parte de mi familia y contar con el interés de tanta gente por  Puta no soy y un tema al que se da tan poca visibilidad como la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual me produce gran ilusión y solo tengo una palabra: agradecimiento. Por quienes han comprado el libro, desde luego, pero sobre todo por quienes están dispuestos a transmitir lo que les he contado en la novela y en la charla sobre la situación de tantas mujeres y niñas que viven en situación de esclavitud. Cuando explicas las condiciones en las que viven tantas personas engañadas, que olvidaron el significado de la palabra libertad a golpes, a amenazas, a fuerza de maltrato, cuando cuentas que podrían encontrarlas en una sauna, o en un club y desde luego en la calle, me impresiona ver sus caras, a medias entre la incredulidad, la rabia y la emoción. Cuando pides que te hagan de eco sabes que lo harán porque hay que ser un insensible para no sentir conmoción cuando sabes que mujeres con nombre, con apellido, con familias son vendidas como mercancía, como materia prima desechable. Yo pretendía escribir una novela (que es una novela con todos los ingredientes de su género, con amor, con desamor, con aventura, con intriga…) de importante impacto social. Y cada vez tengo más claro estar en el buen camino. Porque muchas personas después de leer la novela me confiesan su emoción y me preguntan cómo pueden ayudar. Yo siempre digo lo mismo, y es que todos tenemos nuestra responsabilidad y que cada uno tenemos la posibilidad de alzar nuestra voz para recordar que estamos ante la esclavitud del siglo XXI, para reforzar, empoderar a las mujeres, para que no caigan en manos de redes, de recordar a los hombres que un 80 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen libremente sino que están obligadas, que estamos ante un delito que tiene acento en el género pero que va más allá, que es un delito contra los derechos humanos, que se trata de un delito de lesa humanidad, y que no se puede ser cómplice de un delito internacional.

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