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Nosotros y los otros

No. No se me ha olvidado que el yo y por tanto el nosotros que incluye el yo se pone al final…, el burro delante, que no se espante, que decíamos cuando éramos púberes y alguien olvidaba la regla gramatical. Lo escuché ayer y supe que a veces es comprensible saltarse las reglas. Fue durante una comida organizada por WWF, la organización internacional que lleva luchando por el medio ambiente desde hace más de medio siglo, en la que tuve la inmensa fortuna de escuchar a su presidenta, la ecuatoriana

Yolanda Kakabadse, Presidenta de WWF.
Yolanda Kakabadse, Presidenta de WWF.

Yolanda Kakabadse, una luchadora por la conservación del planeta como bien saben en su país, donde fundó la ong Natura o fue ministra de Medio Ambiente.

 

En una comida con los centros de mesa más tiernos que puedan existir, compuestos por dos osos panda abrazados, Kakabadse recordó claramente que si bien los recursos del planeta no son inagotables –algo que ya sabemos, pero a lo que le volvemos la espalda, actuando como si fueran eternos-, cuando se trata de ponerle nombre y apellidos al agotamiento estamos hablando de las personas y de sus vidas a las que afecta el agotamiento planetario y ahí habló del nosotros y ellos. Nosotros, como sociedades del primer mundo mejor preparadas (en realidad, solo económicamente, digo yo) para seguir avanzando, frente a los otros, aquellos que menos tienen, los que menos recursos tienen, los que menos posibilidades de sobrevivir tienen. Aquellos que están allá, al otro lado del océano, aquellos que están más abajo, en el sur, en África, aunque de Etiopía, que sufre una de las más cruentas crisis de su historia (la Fundación Save The Children ha denunciado que 6 millones de niños sufren las consecuencias de la peor sequía que ha vivido el país en los últimos cincuenta años) no hablamos. Pero he dicho sequía y en efecto sí hablamos y mucho de agua. Seguramente el tema estrella de la presidenta de WWF, y con razón, porque donde hay agua hay vida, ya lo sabemos, aunque probablemente pocas veces nos planteamos qué ocurre donde no hay agua. ¡Bingo! No hay vida, no hay vida, no hay vida, repite conmigo…, si hasta el cuerpo humano, esa máquina perfecta consta de tres cuartas partes de agua, como el planeta tierra, por cierto, que bien merecería ser llamado agua por eso.

Además de ese piensa en positivo y sus mensajes con el que debe comenzar cualquier discurso, charla e incluso mail, sobre todo si tras los bienes van a llegar seguro los males, llámense críticas, comentarios o regañinas, el discurso de Kakabadse es un mazazo no solo a nuestra inteligencia que parece quebrada, sino a nuestra manera de actuar, que esa sí que sí está incomprensiblemente quebrada, tanto que nadie parece entender lo que ocurre, ni siquiera ella que aseguró durante la comida: “Yo, que estoy metida en la colada, no entiendo nada”. Su punto positivo para empezar fue el reconocimiento a los datos sobre buenos resultados ambientales del año pasado, recordados por el presidente de WWF en España, Pedro Calderón. Por ejemplo, la reducción del agujero en la capa de ozono. O la mayor inversión en energías renovables, más que las fósiles. (Hago un inciso para manifestar mi ilusión y aplaudir la capacidad visionaria de la empresa cabify, que a partir de hoy tiene en su flota de coches con conductor vehículos eléctricos…, un motivo más para usarlos).

Pero tras la zanahoria, llegó el palo o los palos. El recordatorio de que sin agua no hay vida. Y la inducción a reflexionar sobe nuestros actos.

  • Por ejemplo, en que en los países desarrollados, el 43% de la comida envasada se va a la basura. Abre el frigorífico y tus armarios y piensa que casi la mitad de lo que tienes (hablo en genérico) se tira porque se ha pasado la fecha de caducidad o esa fecha recomendada para el consumo, eufemismo lavaconciencias. Eso, mientras en otras partes del planeta mueren de hambre. Eso después de haber usado para esos alimentos las materias primas, la inversión, el trabajo de muchos… y por supuesto agua, agua que, también se usará en la limpieza de contenedores que contienen casi la mitad de aquello que compramos por si acaso.
  • Y que esa basura serviría para alimentar a los 800 millones de seres humanos que se van a la cama sin comer.
  • Nuestra manera de producir y consumir insostenible e inmoral, una cultura que lleva a las economías a medirse por barriles de petróleo en lugar de hacerlo midiendo los niveles de educación, o de contribución al medio ambiente, o de inversiones en renovables.
  • ¡Qué inteligentes, ahorradores y estupendos nos sentimos comprando tres camisetas por cinco euros! Una locura en la que apuesto y gano que se han contravenido normas laborales, procesos de producción, contratación de SERES HUMANOS y agua, mucho agua.

Lo dijo la Presidenta y lo recuerdo: Los gobiernos deberían incluir en sus agendas la educación ambiental. Y hoy, mañana… antes de tirar comida piensa, porque esa basura es un atentado contra el hambre de otros. Y antes de comprar piensa lo que vas a desechar. Y acabo con una anécdota que contó Yolanda Kakabadse de un hotel en el que en el buffet, en cada puesto del buffet del desayuno, pedían a los clientes que cogieran solo aquello que fueran a comer. “Cobramos por lo que queda en el plato”, decían.

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