Home / Blog / Mis doce uvas
image

Mis doce uvas

Ayer, hace en realidad apenas unas horas, cambiábamos de año y entre mensajes simpáticos, malvadillos, amorosos, chistosos, repetidos, atribuidos al Papa, que me encanta pero que no creo que haya dado de sí para tantos mensajes como le han atribuido estos días, pensé en mis propios mensajes, en lo que tenía que escribir, lo que tenía que lograr, aquello por lo que iba a trabajar.

image

Mentiría si dijera que con cada uva iba un mensaje, porque bastante es no atragantarse tomándolas como para hacerlo con contenido…, no, no no. Eso lo dejo para filósofos o para los amantes del postureo que no es mi caso. Mis doce uvas con causa son un resultado de pensamientos anteriores y posteriores a las uvas, muchos de ellos durante la tarde, momento en el que me dediqué a elaborar la cena de Nochevieja y muchos de ellos durante esta otra tarde, la primera del año, en la que la revisión de los correos electrónicos que se han hecho bola en la bandeja de entrada me ha resultado más latosa y trabajosa que ordenar los armarios de la casa…, aunque en ambos casos una de las claves sea utilizar la papelera.

Ahí van mis uvas pensamiento, que no llevan un orden de importancia, sino un desorden fruto de la pasión y el tiempo de recogida.

1- Soñar. Despierta por supuesto (aunque dormir más no me vendría mal). Soñar cada día el mismo sueño o diferentes para volar para hacerlos realidad.

2- Sonreír (incluso reír). Porque todo es más fácil. Para los demás, desde luego. Para uno mismo, mejor. Te violentas menos por tonterías. Y, además, están las fotos. Una sonrisa las cambia y rejuvenece.

3- Cuidar. De los míos. De mí también. Cuidada soy más digna, más respetuosa conmigo misma. Cuidando demuestro el amor y solo el amor nos salva de cualquier contratiempo.

4- Resiliencia. Como los materiales que sufren un golpe y recuperan la forma que tenían, quiero que sea mi vida y mi manera de estar en el mundo. Es necesario trabajar para que la adversidad que llega sí o también no nos deje materialmente devastados sino que tras encajar el golpe volvamos a la casilla en la que nos encontrábamos, y además volvamos bien y fortalecidos.

5- Carpe díem. En este año cerrado he visto cómo se transformaba en un segundo (para bien y para mal) la vida de muchas personas de mi entorno. No podemos construir el futuro regodeándonos en el pasado, tampoco anclándonos al presente, por eso mi carpe diem es dejarse fluir sin oponer resistencias que generan pérdida de energía.

6- Decir te quiero y decirlo mucho. No sin ton ni son o al primero o primera que te cruzas en la vida. Pero sí a esos seres a los que quieres. Porque si a mí me gusta escucharlo, por qué no les va a gustar al resto escuchármelo decir y saber que es sentido.

7- Seguir escribiendo. Porque escribir es como la leche materna con la que se amamanta. Cuanto más das el pecho a un bebé más leche generas, y así sucesivamente. Escribir historias, reales, irreales… cuantas más mejor, retroalimentándose para construir mundos que vistos en el papel o en el ordenador se convierten en mundos mágicos.

8- Trabajar el perdón. En uno de esos mensajes que se atribuyen al Papa Francisco lo que más me ha interesado, quien sea que lo haya escrito, es cómo explica la imperfección del ser humano, la familia, la pareja… y cómo la ausencia de exigencia y el perdón a las imperfecciones ajenas y a las propias son las dos únicas maneras de conseguir la armonía que nos hace felices.

9- Tirar a la papelera el dolor que atenaza y darle después a vaciar papelera. Vendrán otros dolores pero una vez reconocidos, mejor trabajar para sanarlos, sin dejarlos convertirse en recurrentes, como una enfermedad crónica.

10- Viajar, incluso con la imaginación si no queda otro remedio. Y disfrutar con el trayecto, que es el viaje, sin convertirlo en un objetivo. Es la forma de disfrutar de las pequeñas cosas, que sería otra uva, si hubiera trece, pero estoy satisfecha con el hecho de que sean doce.

11- Tener en cuenta la teoría de las aguas que se mueven por debajo de los icebergs. Lo aprendí viendo la película 45 Years y me ha dejado impresionada, porque al parecer el agua que se mueve por ahí abajo puede elevar el iceberg o por el contrario puede moverse, arrastrar lo que se encuentra, incluido el hielo, como un tsunami. He pensado mucho que eso puede ocurrir también a las personas, que viven con aguas turbulentas. No caer en ellas.

12- Seguir trabajando por mejorar el mundo, por hacerlo más bello y más justo. No soy tan cretina como para creer que yo sola puedo transformar el mundo, pero como me dijo una señora durante la presentación de mi novela Puta no soy en Tenerife, se puede ser una gota de agua… y al fin y al cabo los océanos se construyen a base de gotas de agua.

Mira también

aware

#Aware contra la radicalización

He esperado un par de días para escribir sobre la plataforma #Aware (Alianza de Mujeres ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *