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Con Oula Ramadan, la alcaldesa Manuela 
Carmena, Esperanza Pertusa y Reem Al-Haswami.
Con Oula Ramadan, la alcaldesa Manuela Carmena, Esperanza Pertusa y Reem Al-Haswami.

La resiliencia y las mujeres

La semana pasada lo fue de alto impacto en esa parte de mí que inevitablemente está unida a la defensa de los derechos de las mujeres y los niños, a la defensa de los más desfavorecidos. Cuando esa pasión se une a otra de mis pasiones y de mis especializaciones como es la moda, siento una cierta plenitud, la de un trabajo que puede ser global en el que pulsiones y aficiones aparentemente opuestas encuentran un modo de unirse.

Me pidió ayuda la fundación Esperanza Pertusa, de la firma de zapatos Gioseppo, para moderar un foro con mujeres refugiadas sirias, en el marco de su evento anual #Women4Change y no dudé ni un minuto en acompañarles. Me encantan ellos, me gusta el trabajo de la fundación, valoro que una marca de accesorios sea tan solidaria que cada año decidan organizar un foro en Madrid y que movilicen a la sociedad para ayudar a mujeres que están dando la cara para mejorar el mundo.

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Con Oula, Leila y Reem (de izda a dcha.)

Nos acompañaban Reem Al-haswani, arquitecta siria de 29 años, que en 2012 tuvo que huir de Siria y fue a parar al campo de refugiados de Shatila, en Líbano, donde fundó junto a otros activistas, la ONG Sonrisas y Aceitunas, que lucha por mejorar las condiciones de vida de los refugiados en el campo, con elaboración de bordados para mantener a sus familias, entre otras muchas labores; Oula Ramadán, una de las activistas sirias más reconocidas en su lucha por el futuro de las mujeres de su país y por los derechos humanos, que ha estado encarcelada y es fundadora y directora de Badael –alternativa en árabe-, organización civil fundada en 2014 con sede central en Turquía; y Leila Nachawati, quien por ser medio gallega y medio siria es de las activistas más conocidas en nuestro país, autora además de la novela, Cuando la revolución termine.

Tengo que reconocer que cuando hablaban de cómo han visto morir luchando y en los campos de refugiados, de cómo no hay otra manera posible de actuar que la de ser activista y pelear por lo que debería ser un objetivo internacional, la paz en Siria, cuando escuchaba narrar la humanidad, la cotidianeidad de sus vidas, que no es más que la del trabajo por esa noble causa, sentía cierto nudo en la garganta que en ocasiones estuvo a punto de dejarme sin voz. En todo momento destacaba la resiliencia de estas mujeres y de los millones de desplazados que cada día se despiertan y cada día son capaces de vivir sabiendo que la oscuridad de sus vidas va mucho más allá que la de la noche. Las admiré y admiro a cada una de ellas, como admiro la labor de la fundación Esperanza Pertusa, porque más allá de las imágenes duras de los muertos, de los campos, de los niños…, esas que nos estremecen en las noticias y que olvidamos en un rato, nos sumergieron en el día a día, en el trabajo, en la pelea porque las mujeres se sienten en las mesas de negociación de la paz. Son argumentos que difícilmente se olvidan.

Tres días después participé en otro foro, el conocido como Women Working for the World, en este caso de la Fundación colombiana Juanfe, que trabaja básicamente en la ciudad caribeña de Cartagena de Indias para ayudar a disminuir la mortalidad infantil y con las adolescentes que allí son madres (de cada 100 embarazos, 24 son de menores de edad).

entrevista-alcladesaAdemás de aprender sobre empoderamiento femenino, tuve la suerte de conocer a la fundadora de la fundación, Catalina Escobar, que es un ciclón dispuesta a enfrentarse a gobiernos y a la sociedad para dar herramientas a las jóvenes de su país (y de otros de Latinoamérica, dado que actualmente la fundación empieza a operar en México, Panamá o Chile) para que puedan generar recursos y para que conozcan una planificación familiar responsable. Y por si fuera poco, tuve la inmensa suerte de entrevistar a la alcaldesa de Madrid, doña Manuela Carmena, con quien por cierto también había coincidido en el acto con las refugiadas sirias.

La alcaldesa se comprometió a conocer Cartagena de Indias de otra manera -ya que solo la conocía desde un punto de vista turístico-, y de poner foco administrativo en la ciudad. Destacó -y no lo digo yo, sino que fue comentario de los asistentes al foro- su humanidad, su escasa presencia política, sino de mujer al lado de las otras mujeres que sufren. Reconoció que si bien no cree que haya una predisposición especial de las mujeres para transformar el mundo por el hecho de ser mujer, si tenemos un acerbo que nos empuja a ser dinamizadoras. Puso en guardia sobre esa forma que tienen algunas mujeres de acceder al poder y mimetizarse con el ejercicio del poder a la manera masculina. Contó cómo había sido testigo de ello sobre todo en la judicatura (la alcaldesa ha sido juez de vigilancia penitenciaria, titular del juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Madrid, así como vocal del Consejo General del Poder Judicial y socia fundadora de la asociación Jueces para la Democracia), donde ha visto ejercer la justicia de una manera más vertical, que dejó claro que le horrorizaba, y de una manera más horizontal, que en efecto es la suya y más cercana a la mujer. Nos recomendó el libro de Esther Duflo, Repensar la pobreza, y reconoció que los políticos deben actuar queriendo a sus ciudadanos, porque la humanidad y la cercanía a los ciudadanos reconoció que son valores muy alejados de la res publica.

 

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