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Estrellas nada fugaces

Escribo y mientras lo hago (casi al aire libre) miro al cielo, buscando estrellas fugaces para las que ya he pedido mi deseo por si acaso y desde ayer. Escribo en una de las noches de las Perseidas. Y lo hago con el autoencargo impuesto de hablar de otras estrellas, como dice el título de este post, nada fugaces, que están llenando de metales España.

No. No son minas.

Aunque mira tú por donde algunos argentinos a las chicas las llaman minas.

Sí. Mis estrellas son mujeres, que no chicas, como las nombran en algunos artículos o locuciones. Mis estrellas pidieron ellas su deseo y lo vieron realizado, con sus medallas olímpicas. Son estrellas que se salen de la vía láctea del deporte. Estrellas cuyo nombre conocemos de pronto. Y esperamos que permanezcan en el cielo deportivo tan poco amable con las mujeres.

Durante años nos hacen pensar que solo hay un deporte, el fútbol. Y que solo hay unos deportistas, los futbolistas. En masculino por más que los equipos femeninos cada vez sean más notorios y ganadores. Y de pronto, cada cuatro años caemos, o mejor dicho nos dejan caer, en la cuenta de que hay vida más allá del fútbol. Es entonces, cuando llegan los Juegos Olímpicos, que sabemos de otros deportes y de otras gentes que, en efecto, deben de ser figuras en su materia. Y ahí nos damos cuenta de que las mujeres están doblemente abandonadas. Primero, desde sus deportes. Porque no son fútbol. Segundo porque de pronto descubrimos nombres que merecerían ser populares y que en cambio no han pasado la frontera de la popularidad “casera”, salvo escasas excepciones.

Y siempre ocurre lo mismo hasta que esperas que deje de ocurrir. Siempre ocupan la portada de los deportivos o de los especiales deportivos de los diarios los mismos. Ahora que han pasado seis días desde el comienzo de los Juegos Olímpicos y que sabemos que tres mujeres han ganado las únicas medallas para España (Más adelante habrá hombres; de hecho, apenas dos horas después de escribir este post Rafa Nadal y Marc López consiguen un oro en dobles, tras un partido que es una oda al esfuerzo) tienes la tentación de pensar que otros deportes, como la natación, el piragüismo o la halterofilia ocupen alguna vez espacio estelar en los medios de comunicación convencionales. Y tienes la tentación de pensar que esas mujeres casi desconocidas (porque Mireia Belmonte no lo es) pasen a ocupar el lugar que se merecen y que han ganado a pulso a fuerza de trabajo, esfuerzo, sacrificio.

Como el de los hombres. Desde luego. Solo que hasta ahora son ellas quienes nos dan medallas.

Hablaremos al final de las Olimpiadas y sabremos qué ocurrió con los deseos. De momento, Aleluya, Mireia Belmonte, bronce en 400 estilos y oro en 200 metros mariposa; a Maialen Chourraut, oro en kayak (k1); y Lydia Valentín, bronce en halterofilia.

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