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Entrevista en Gonzoo

ENTREVISTA A CHARO IZQUIERDO

«Si ella es puta, él es putero»

En la novela ‘Puta no soy’ (LID Editorial), la periodista Charo Izquierdo se acerca a la realidad de miles de mujeres y niñas que son captadas por redes de explotación sexual, sacadas de sus orígenes y engañadas para prostituirse contra su voluntad. El libro narra la cruda historia de Luna, una niña que con 15 años ejerce la prostitución en una zona de su país, Perú, donde la minoría de edad se vende a los hombres como un amuleto de la buena suerte.

Por Sergio Sauce

Hoy, como cada día, bajas a la calle a coger el coche y hay un ‘papelito’ debajo del limpiaparabrisas. No es una multa, es un anuncio de prostitución. No es nuevo, pero sabes que es una forma de dudoso marketing en expansión. Antes, este tipo de anuncios se repartían en los alrededores de zonas de empresas o de ocio nocturno. Ahora están en todos los coches de la calle de un barrio residencial de Madrid.

Hoy, como cada día, has quitado el ‘papelito’ (ya no te llama la atención,“fotos reales”, discreción, todo tipo de servicios, blah, blah, blah), lo has arrugado en la palma y arrojado a una papelera. No tendría más importancia, llamarlo anécdota sería mucho, pero acabas de tirarlo a la basura y te paras un segundo a pensar. Y ahora te preguntas: si marco ese número, ¿quién me cogerá el teléfono? ¿Será una prostituta española, será extranjera? ¿Será feliz? ¿Tendrá familia? ¿Tendrá hijos? ¿Tendrá ganas de follar a las 8:30 de la mañana? Luego piensas: ¿Estará trabajando contra su voluntad?

La respuesta para casi todas estas preguntas será de un sí o un no a un 50% de probabilidades. Casi todas, la última no: el 79% de las mujeres que ejercen la prostitución tiene o ha tenido contacto con una red de trata de personas. El dato es de la Organización Internacional de Trabajo, lo ofrece Charo Izquierdo, y aporta más: En el mundo hay casi 21 millones de personas víctimas de la trata. Según UNICEF, más de 2 millones de niños y niñas están sometidos al comercio sexual. «¿La esclavitud fue abolida en el siglo XIX?», se pregunta la periodista. «Parece ser que no», se responde de inmediato.

Hace unos 10 años, Charo conoció a la presentadora, documentalista y ganadora del premio Avanzadoras 2015 Mabel Lozano, que por entoncestrabajaba en su primer documental sobre jóvenes rumanas a las que se les prometía un futuro mejor en España y que acababan en redes de explotación sexual.

Desde entonces, ambas han seguido, en sus respectivos campos,trabajando para visibilizar una realidad incómoda, sucia, muy opaca a los ojos de una sociedad que se hace la tonta y aparta la mirada. «España es el primer país europeo en consumo de sexo de pago», argumenta Charo, «el 39% de los hombres españoles reconoce (“reconoce”, es importante el matiz) haber mantenido relaciones sexuales con alguna prostituta en alguna ocasión, según el INE». Sin embargo, la prostitución sigue ocupando un vacío legal en España, aunque ese sea un tema diferente.

Respecto a la trata, Charo cree que «inmediatamente hace pensar en inmigración», mujeres que llegan de otros países para ser sometidas. Y es así, «casi un 60% de las mujeres que ejercen la prostitución en España proviene de los Balcanes. La razón es fácil, no hay problemas para cruzar la frontera». Sin embargo, en Perú, la trata es nacional, y «se lleva a las chicas de una zona a otra región», explica. Es en este país donde se centra la historia de su novela ‘Puta no soy.

La historia de Yandi

De todos los testimonios que Charo Izquierdo ha podido ir recogiendo a lo largo de los años, fue el de Yandi, una niña peruana de 15 años, el que más le impresionó. Apareció en el documental ‘Chicas nuevas 24 horas‘ de Mabel Lozano, y en ella se ha basado para dar forma al personaje principal de su libro, Luna.

«Encontramos a Yandi en un centro de atención a las víctimas de la trata.Había sido obligada a prostituirse en un prostibar (así se llama a los puticlubs) de Madre de Dios, una zona al sur de Perú con un extraordinario valor como reserva de la bioesfera que está siendo destruido por la minería ilegal de oro». Yandi fue captada con la promesa de un trabajo y atravesó el país pensando que sería camarera o cocinera. Lo que allí se encontró fue una realidad diferente, iba a ser prostituta, no tenía otra opción.

«Mabel me contó que a las chicas que se niegan a acostarse con los “clientes” las tiran al río. Evidentemente no pasa siempre, claro, pero sí que existe una violencia intrínseca en cada movimiento». Muchas mujeres y niñas llegan a estas circunstancias a través de sus propias familias, que las venden. En el caso de las menores de edad, la demanda es mayor. Por un lado, muchos mineros, con una cultura muy limitada, creen que acostarse con una menor les traerá suerte. Por otro, la virginidad se paga más cara, además de la “satisfacción de ser el primero”, es una cuestión higiénica, pues las prostitutas de esa región contraen y transmiten muchas enfermedades.

«Nadie es puta por placer», expone Charo, «no puede ser por placer cuando se te niegan varios de tus derechos básicos, como la libertad individual o el control sobre tu propia sexualidad, y tienes que acostarte con hasta 20 hombres en un mismo día». En los prostibares no hay tregua. «Repetimos fórmulas que tenemos bien aprendidas, como “es el oficio más antiguo del mundo”. Pero no, la prostitución es la forma de explotación más antigua del mundo».

Charo Izquierdo ha decidido escribir una novela, en la que se mezclan varias historias además de la Yandi (y que tiene una segunda protagonista, Julia, periodista española que se sumerge en las redes de prostitución nacional),«para hacer llegar el mensaje a más gente». «Si fuese un libro de no ficción, con seguridad, solo alcanzaría a personas que ya conocen el tema o que ya tiene un interés en él. Mi idea era acercarme a un público más amplio, que a la vez que lee una ficción, va a poder descubrir esta realidad y tomar conciencia de ella».

CharoIzquierdo

La lucha contra la trata

Si en España existe un vacío legal en el ejercicio de la prostitución (aunque se castiga el proselitismo), en otros países de su entorno sí que se ha regularizado esta actividad. Dos ejemplos son Holanda y Suecia. En el primero, la prostitución es legal, es decir, se reconoce como un trabajo y las prostitutas cotizan. En un principio parece que las condiciones mejorarían al arrojar luz pero, según Charo Izquierdo, «la realidad demuestra que no ha sido efectiva en la lucha contra la trata. Las propias autoridades advierten que esta situación de legalidad dificulta su labor».

En Suecia, por el contrario, la prostitución es ilegal. Charo explica que «no ha desaparecido, sino que se ha trasladado a Noruega. Pero se ha conseguido una gran concienciación por parte de la sociedad, incluidos los hombres, que ven en ella un delito. Es importante que los hombres cambien su mentalidad y en Suecia el intercambio de sexo por dinero se considera una rama más de la violencia ejercida contra mujeres, niñas y niños».

«Acabar con la trata necesita un trabajo coordinado de muchos agentes; en España, por ejemplo, la unión de varios ministerios, el de Trabajo, Sanidad, Educación, Interior… No se trata de victimizar más a estas mujeresCon la Ley Mordaza se está multando a prostitutas, pero no a los proxenetas, haciéndolas el víctimas por partida doble», explica Charo. «También es muy importante la educación. En los lugares de origen, para que estas mujeres sepan el peligro al que pueden llegar a exponerse, y en los lugares de destino, como nuestro país, concienciando a quienes pagan por sexo».

El perfil de quien paga por sexo no es alguien tan diferente a un hombre “normal”. «Hay muchos chicos jóvenes, y la razón, más allá del sexo “fácil”, es la dominación. Quien paga domina, y eso no pasa, por fortuna, en una relación de pareja normal». «Hay que educar a la sociedad y empezar por pequeños detalles: ¿qué es eso de relación entre puta y “cliente”? Si a ella se le llama puta, a él se le debería llamar putero».

«La prostitución es, detrás de las armas, el negocio que más dinero mueve en el mundo. No solo por el intercambio sexual, hay que pensar en todo lo que está a su alrededor: copas, habitaciones, viagras, preservativos, ropa que se vende a las prostitutas, transporte, maquillajes… Estamos hablando de casi 40 billones de dólares al año en todo el mundo. Por eso hay mucha gente que prefiere mirar hacia otro lado en vez de enfrentarse a la esclavitud que aún se mantiene en el siglo XXI», sentencia Charo.

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