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Mi noche con las gimnastas de rítmica

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De izda a dcha y de arriba abajo, Alejandra Quereda, Elena López, Artemi Gavezou, Lidia Redondo, Sandra Aguilar y Lourdes Mohedano, equipo olímpico de gimnasia rítmica.

Pocas veces uno tiene la suerte de toparse con un deportista olímpico. Menos aún con varios Y menos aún con varias campeonas olímpicas. Yo estoy orgullosa de haberlo hecho. Y precisamente con las ganadoras de la medalla de plata en Gimnasia Rítmica.

Tuve la suerte de participar en la realización de un reportaje para la revista de conmemoración del 75 aniversario de El Corte Inglés, en la que fui consejera editorial, pero me arremangué para coordinar algún tema y escribir varios. Cuando decidimos con Patricia Puig de la Bellacasa que el reportaje de la sección de “Electrodomésticos” lo realizaríamos dando protagonismo al equipo de Gimnasia Rítmica no dudé ni un minuto que yo estaría en aquella sesión que como la mayoría de las que hicimos debía producirse tras el cierre de los grandes almacenes.

Por admiración, desde luego. Por curiosidad, siempre. Porque durante mi infancia y adolescencia fantaseé con la idea de que podía ejecutar ejercicios de gimnasia rítmica y deportiva, sin ir, en realidad, más allá que alguna exhibición en el colegio. Viendo el ejercicio con cintas y con los acordes de la canción VidaCarnaval de Carlinhos Brown, lloré, con la carne de gallina, recorriéndome como un oleaje, de arriba abajo todo mi cuerpo. Porque me impresionó su fuerza, su inteligencia creativa, su ritmo, su elegancia, su sonrisa, su técnica, no sé si por ese orden, aunque bien podría ser así. Lloré como lloro muchas veces ante lo bello y, además, porque recordé cómo en aquel reportaje en el que nos empeñamos en subir a Alejandra Quereda, Lourdes Mohedano, Elena López, Sandra Aguilar, Artemi Gavezou y Lidia Redondo (que no participó en los ejercicios de Río) fueron sumamente colaboradoras, hasta el punto de recorrer con parte del equipo de estilismo y fotografía y conmigo misma la sección de ferretería, a la caza y captura de algo que pudiera servir de palo al que fijar cintas improvisadas, porque ellas no tenían las suyas reglamentarias. Impresionante profesionalidad. Sin cintas no había reportaje, y hasta que no consiguieron unas a las que dar un movimiento moderadamente similar al de la auténticas no se dieron por vencidas.

Eso, no darse por vencido es la característica fundamental de los deportistas de élite. Eso moldea una personalidad. Eso queda para siempre. Hoy más lejos, mañana más alto, pasado más fuerte. Con el espíritu olímpico para lo que no es necesario ser ídem. Ellas lo demostraron con creces. Se crecían. Se sentían bien compitiendo y eso trascendía en su fuerza, en su mirada, en la sonrisa (siempre me impresiona la sonrisa de Lourdes Mohedano, en la foto, abajo a la derecha). También en el ejercicio con aros y mazas, elegantes, altivas, crecidas, sabiendo que una medalla se traían para casa. Así triunfaban. Pero yo las había visto antes. Cuando no tenían nada que demostrar ni nadie ante quien triunfar. Las había visto mientras las maquillaban y peinaban y las vestían, como profesionales. Pero también reproduciendo ejercicios, en frío, en los pasillos entre lavadoras, sin música, sobre lavavajillas, sin sus aparatos, frente a los frigoríficos. Sentían que estaban trabajando como protagonistas de aquel reportaje. Saltaban, reproducían movimientos gimnásticos, una y otra vez, hasta que el fotógrafo aseguraba “tenerlo”, tener la buena instantánea. Se portaban como si hubiera jueces, como si de aquella puntuación dependiera su suerte. Y en cierta medida así era. No porque el maravilloso reportaje de Javier Salas les supusiera la consecución de una medalla. Pero sí porque la disciplina, el rigor, el respeto por el cuerpo y sobre todo por el trabajo bien hecho es un continuo, no se toma y se deja, simplemente se entrena, como la elasticidad y el ritmo. Día a día. Toda la vida. En este caso hasta bien entrada la madrugada, como campeonas. Lo que son

Me enamoraron en la sección de electrodomésticos y revalidé la admiración en los Juegos Olímpicos, frente al televisor, al fin y al cabo, otro electrodoméstico.

 

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