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Chupitos convertidos en botellón

Podemos bebernos el amor a pequeños sorbos o tragos largos, con hielo o en seco. Podemos incluso arriesgarnos a emborracharnos de amor, a riesgo de vivir en resaca ocasional o permanente. No deberíamos en cambio exponernos a la llamada de abstemio del amor porque ser abstemio es una opción (que nunca podré entender sabiendo de las bondades de un buen vino a tiempo), pero negarse a beber el amor es de esos fenómenos que como poco producen lástima por quienes han contraído el virus.

2015-12-21 18.56.45-1Y hablo del amor en el sentido amplio. Que es el auténtico. Porque el amor va más allá de las mariposas en el estómago. O si se quiere puede sentirse el revoloteo producido por más lepidópteros que el típico que uno entiende como el de enamorado. Acaso no es amor el que se siente por una gran amiga, por un gran amigo, por un hijo o por un padre…, por la vida?

Del buen vino son responsables la tierra, la uva, la maceración, los cuidados, la ciencia y el amor vertido en su elaboración. Puede haber un mal vino por accidente cuando tanto se cuida. Pero está claro que si sale bueno es que se han dado esas condiciones. Algo que ocurre también con el ser humano: uno lo entiende conociendo a sus familias (aunque se produzcan accidentes). 

Ayer, el mismo día en que entraba el invierno de 2015, estuve en Oviedo, presentando el libro Chupitos de tinta, escrito por mi amiga Emma González-Baizán a quien conocí cuando yo dirigía la revista Yo Dona y empecé a publicarle pequeños textos, como complemento a mis cartas de la directora, algunos “chupitos de tinta” que ella comenzó a mandarme y que me gustaban tanto que a punto estuvo de emborracharme porque le publicaba muchos, y no lo hacía más a menudo para no exagerar y por dar cabida a la publicación de otros lectores que enviaban los suyos. Lo dije en la presentación del libro, en el Club de tenis de Oviedo, que ya llegó un momento en que me enviaba tantos que no eran chupitos, sino que amenazaban con convertirse en botellón. Y rió el nutridísimo auditorio que había acudido al bautizo del “hijo” de Emma rió. Pero era cierto.

Los publicaba porque me gustaban. Y no me equivocaba. Leyendo el libro lo tuve claro. Poemas, prosas como poemas, sentido común, locura, surrealismo, piezas como salidas de un blog. Piezas todas ellas exportadas desde el corazón, tanto, que en algún momento pensé que la autora vivía eternamente enamorada, hasta que me aclaró que no todo lo que escribía era cierto, por más que ese estilo de post le diera un halo veraz a la ficción.

Elegiré solo un ejemplo, porque si no corro peligro de resumir aquí el libro, que recomiendo vivamente:

“Hay botellas que no tienen mensaje, pero cuando te las bebes ya te encargas tú de enviar uno por whatsApp.

Nunca falla, siempre aciertas con el botón de enviar.

A la mañana siguiente no recuerdas qué pasó la noche anterior, por desgracia el destinatario no olvida tus palabras y, como el móvil no es de papel, pasar página no es una opción.”

2015-12-21 20.08.29Emma tiene 25 años. Yo empecé a publicarla con 20. Pero sigue fresca. Tanto como entonces. Y ayer fue un antídoto contra la muermez y la preocupación que se apoderó de gran parte de la población tras las elecciones, población entre la que me encuentro. Ella fue un soplo de alegría y felicidad (lo siento no me resisto: “La felicidad es la fortuna que la revista FORBES no tuvo en cuenta al hacer el ranking de las personas más ricas del mundo.”). Pero además entendí su forma de ser, su forma de escribir, su forma de existir, conociendo a su familia. Por eso hablaba del vino, porque como los caldos, es completamente comprensible que de la sensibilidad de una familia como la suya, normal, con mucho amor, con gran sentido del humor, con ganas de beberse la vida, a veces a chupitos, a veces a tragos largos, surjan seres como Emma, adorables, modernas, radicalmente sensibles, con la veracidad de los seres humanos abocados a triunfar, inteligente y libre de espíritu, como libres son sus textos. Emma tiene que seguir escribiendo porque si no lo hiciera se traicionaría a ella misma. Y ella es leal. Por eso, entre otras cosas, la quiere tanta gente. Ayer lo demostraron.

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