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En favor de las mujeres de la República del Congo

La activista y periodista Caddy Adzuba.

Me niego a escribir desde un punto de vista políticamente correcto República Democrática del Congo porque no puede ser democrático un país en el que las mujeres son violadas, mejor dicho utilizadas como un intercambio, tesoro, arma de guerra. No es posible. La semana pasada escuché por segunda vez en mi vida a la activista Caddy Adzuba, que venía a España a participar en un evento organizado por la marca Giosepo, a través de su fundación Esperanza Pertusa, en un acto de presentación de su pulsera solidaria Women 4 Change (w4c) que por cierto se venden a través de su web http://www.w4c.es/ (3,95 € destinados a la reinserción laboral y psicosocial de 150 mujeres del Congo víctimas de la violación y la guerra. Había oído y visto a la activista Adzuba el año anterior, cuando recogió su premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Sentí lo mismo, aunque ella fue más discreta en sus alegatos que en el evento de Women 4 Change en el que fue entrevistada por la periodista y directora de El Huffington Post, Montserrat Domínguez, quien con sus preguntas nos ayudó a conocer mejor el trabajo de Caddy que, al final, no quiso dejar de lado su trabajo como periodista y acabó preguntando ella a la propia Montse y al público, entre otras cosas por la poca relevancia que otorgan los medios españoles y occidentales en general al problema de las mujeres del Congo donde se producen 10.000 violaciones al año. Con ese tono de no quiero molestar a nadie, sin subir ni un segundo la voz y con una (casi) permanente sonrisa en los labios, a pesar de la dureza del contenido de su discurso, aclaró además que “los soldados cuando no pueden violar porque no consiguen una erección, violan con el cañón de sus fusiles”. Caddy, como no podría ser de otra forma, vive amenazada de muerte, vive sin dinero (“pero no me importa porque puedo aportar ideas”), pelea porque se haga justicia con todas las mujeres, con esas mujeres a las que mantienen atadas tres o cuatro días a un árbol (“Mientras la justicia no funcione, las mujeres de mi país no estarán a salvo; confiamos en la justicia internacional”), por empoderar a las mujeres que además de ser violadas después son repudiadas. Nos tuvo a todo los asistentes con la lágrima a punto de desbordarse, se emocionó cuando yo le pregunté “Aparte de Caddy quién cuida de la mujer en el Congo”, y tardó unos segundos en contestar que “Dios las cuida…, lo siento, yo pienso así, soy católica”. Y recordó que las mujeres de su país son el sexo fuerte, “porque si lo hombres pasaran por lo que pasan las mujeres en la República Democrática del Congo no sobrevivirían” (y aquí sí dejo el apelativo Democrática porque lo pronunció ella).

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Bendita locura

“Stay hungry. Stay foolish” (No pierdas el hambre. No pierdas la locura). Es el slogan que puede leerse en el blog de Sofía Benjumea, directora de Campus de Google, un lugar de encuentro para emprendedores abierto en Madrid, un campus que se inaugura después de haberlo hecho en Londres, Tel Aviv y Seúl, un hogar y zona de trabajo para quienes están montando una start up, para quienes han emprendido, para quienes quieren emprender. Alrededor de un café en el que se trabaja y se hace networking, en pleno barrio de Arganzuela, junto al río Manzanares, en un lugar en el que se espera que florezcan las start-up como un Silicon Valley madrileño.

SofiaMantener el hambre, mantener la locura es necesario para crecer, para innovar. Esa es la consigna de Sofía. Pero es mucho más que eso. Es mucho más que su idea, su ideología o su capricho. Es la realidad y la necesidad. Sin ambición, no hay crecimiento. Sin ese punto de locura del que ella hablaba, del que hablaba Steve Jobs (“Solo los locos que creen que pueden cambiar el mundo son quienes lo cambian”) es imposible crear, imaginar, soñar, para hacer los sueños realidad. Y si todos los sueños son importantes, en este caso hablamos de sueños que construyen sociedad, que construyen economía, porque construyen empresa.

Sofía, que ha estudiado en España y en Estados Unidos, que ha trabajado como periodista, como directora de comunicación, que es motera (que es por cierto madre de un niño de dos años y medio), que ha sido co-fundadora y CEO de Spain Start-up, South Summit se llama ahora, ese acontecimiento que reúne en octubre, y desde 2012, a emprendedores de todo el mundo, a gentes que han triunfado, que han fracasado, a hombres y mujeres que crean su empresa y entre los que se elige a los mejores, que ha sido emprendedora, por tanto, charló conmigo en Club Matador en unas conversaciones que mantendré cada mes con jóvenes valores españoles.

La directora de Campus Google dejó al público con la sensación de estar ante una especie de súper heroína, enamorada de su trabajo, abducida por la capacidad de crear, emocionada por la capacidad de tantas personas que trabajan generando ese tejido empresarial que necesita un país. Después de la charla, algunas personas me hacían llegar lo pequeños que les había hecho sentirse esta mujer menuda, de 33 años, que ella sí tiene hambre de comerse el mundo, que quiere poner las mejores herramientas al servicio de los emprendedores españoles. Nos dejó como si nos hubiera inyectado grandes dosis de energía, con ganas de crear, de crecer, incluso de contribuir al hinchazón de esa burbuja de la que se ha hablado como posible y que según ella no existe, la burbuja del emprendimiento que, esperemos que no se desinfle.

Tenemos un plan

Desde hace años, las organizaciones que están luchando contra la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual están pidiendo una ley que ayude a un trabajo más eficaz. La realidad es que no hay ley. Pero desde hoy hay un Plan Integral contra la Trata, que ha sido un honor para mí poder ayudar a presentar en la sede de la Secretaría de Estado de Igualdad, junto al ministro de Asuntos Sociales, Alfonso Alonso, la directora de cine, mi amiga Mabel Lozano y la directora de Apramp, Rocío Nieto, por instancia de la Secretaria de Estado de Igualdad, Susana Camarero, que está haciendo un gran trabajo al frente de su puesto. La delegada del Gobierno, Concepción Dancausa; la defensora del Pueblo, Soledad Becerril; así como la portavoz de igualdad de Congreso de los Diputados, Carmen Quintanilla no han faltado a una cita que era especialmente importante al conmemorarse el 23 de septiembre el Día Internacional de la Lucha contra la Trata.

El Plan, aprobado el pasado viernes, 18 de septiembre, y dotado con 104 millones de euros, da un paso fundamental hacia adelante, en la medida que se ha aceptado algo que las organizaciones reclamaban desde hace tiempo y es que lo decomisado de los delitos de trata vaya a parar justamente a la lucha contra ella.  http://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/Paginas/enlaces/18092015-enlacetrata.aspx

Susana Camarero, secretaria de Estado de Igualdad; Alfonso Alonso, ministro de Asuntos Sociales, Charo Izquierdo, Mabel Lozano, Rocío Nieto.

 

En España, fueron detectadas en 2014, 14.ooo mujeres como posibles víctimas de trata con fines de explotación sexual. 14.000 mujeres privadas de derechos, sin identidad, engañadas, privadas de documentación, de vida y de derechos. ¿Quién dijo que la esclavitud quedó abolida a finales del siglo XIX? En el siglo XXI, hay esclavos. Algunos historiadores dicen que hubo 12 millones de personas traficadas de África a América, entre los siglos XVI y XIX. Pues bien, en el siglo XXI, cada año cruzan las fronteras unas 800.000 personas para ser explotadas al tiempo que otras lo son dentro de sus propios países, según publicó en 2014 la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Y no las vemos. No queremos verlas.

A pesar de que no son pocas. 4, 5 millones es una cifra monumental. Estamos hablando de 4,5 millones de mujeres y niñas víctimas de trata con fines de explotación sexual, de los 20,9 millones de víctimas de trata (en general) de los que habla la Organización Internacional del Trabajo. ¿Difícil acabar con ello? ¡Dificilísimo! Porque nos enfrentamos a un negocio. Concretamente el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, después de las armas y la droga, aunque todo apunta a que va camino de ser el segundo.Estamos hablando de 35 mil millones de dólares al año, 5 millones de euros solo en España.

Por todo esto, el Plan Integral es importante, por más que todos preferiríamos una ley, más aún viendo la vocación del Ministro que ha asegurado su deseo de que la trata entre de pleno en la agenda política, para que socialmente ocupe un lugar importante. Evidentemente, dependemos de la educación, en las casas, en los colegios, para reprobar que los seres humanos no pueden ser comprados y vendidos, para entender que la trata nutre a la prostitución, que aproximadamente el 80 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen libremente (hoy en la presentación del plan Rocío Nieto, directora de Apramp hablaba del 90 por ciento). Pero el mensaje político es fundamental. Como lo es la transversalidad del Plan que afecta a diversos ministerios: Educación, Asuntos Exteriores (porque hay que trabajar coordinadamente con los países de origen de las víctimas), Asuntos Sociales, Interior, Justicia…, Economía. Pocos temas deben de ser tan transversales. Pocos temas tan trascendentes para una sociedad que se ha acostumbrado a mirar y no ver, a pasar por calles en las que hay mujeres O-B-L-I-G-A-D-A-S a ejercer la prostitución, pero que no son putas, son víctimas de trata, a pasar delante de clubs de carretera que esconden la realidad y la vergüenza de mujeres que han sido engañadas y son explotadas. ¿Cómo podemos convivir con la esclavitud y no enterarnos?

 

¿Buen o mal ejemplo?

La presidenta de la Comunidad autónoma de Andalucía, Susana Díaz, se incorporó al trabajo a los 45 días de haber dado a luz a su hijo, dejándole al cuidado del padre que ha compartido así el permiso por maternidad, una situación que se produce pocas veces en España, a pesar de que la legislación establecida por la Ley orgánica de igualdad efectiva entre mujeres y hombres establece que tras las seis semanas obligatorias de permiso para la madre tras el parto, el padre y la madre pueden disfrutar indistintamente de las diez restantes.

Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía.
Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía.

Yo lo leí y pensé “pues qué bien, qué buen ejemplo, qué manera tan buena de dar un mensaje a la sociedad”. Padres y madres responsables de sus hijos al mismo nivel, diferencias fisiológicas aparte. Siempre me pareció que  la única manera de conseguir que los padres se impliquen en el cuidado de los hijos (¡para siempre!) es precisamente su presencia activa durante los primeros meses tras el nacimiento de sus hijo, lo que es bien difícil si ellos siguen su trabajo como si no hubiera pasado nada (tienen derecho a trece días de permiso en exclusiva para ellos). Las mujeres tienen derecho a decidir. Si incorporarse rápidamente al trabajo. Si tomar el permiso de maternidad completo. Si dedicarse en cuerpo y alma al bebé. O trabajar a tope. O trabajar desde casa… Siempre defiendo la libertad de elección. Tanto como defiendo la necesidad de que las leyes protejan a quienes lo necesiten. Tanto como que las leyes garanticen los derechos de las mujeres a ausentarse tras la maternidad y no tener ni un solo problema a su vuelta al trabajo relacionado con el periodo de ausencia. Pero de la misma manera defiendo que los permisos de paternidad deberían ser obligatorios. Si lo es para la mujer durante seis semanas, debería serlo para el padre. Dar de comer, limpiar culitos, calmar llantos, vigilar los sueños, abrazar, abrazar mucho, genera unos lazos con el hijo que, sin mistificar, son eternos. Así se evitarían situaciones muy desequilibradas, como lo es que en 2013 32.200 mujeres tomaron excedencias para el cuidado de menores y dependientes, frente a 2.530 hombres, lo que explica que un 47,1% de mujeres explican que el haber tenido hijos les ha perjudicado en su trayectoria laboral frente a un 16,4% de hombres.

Para mí era un buen ejemplo. Sin embargo, de pronto empecé a escuchar la polémica sobre esa incorporación temprana. Comencé a leer sobre la poca idoneidad y el pésimo ejemplo de la Presidenta al incorporarse tan pronto al trabajo, como una manera de explicarle al mundo que una mujer que triunfa, que una mujer que es poderosa, que tiene un cargo importante, no, importantísimo, no puede ser una madre como otra cualquiera, no puede disfrutar del tiempo con su hijo como lo hacen las demás. Yo no había tenido en cuenta esta perspectiva. Y desde luego hay que tenerla, hay que pensar que esa cara de la moneda también hay que contemplarla, aunque debo decir que yo no esto de acuerdo. Evidentemente, las mujeres con puestos de gran responsabilidad tienen más dificultades para ausentarse 16 semanas del trabajo. Pero no es menos cierto que hoy existen medios de sobra, fórmulas telemáticas que permiten seguir conectadas aunque no presentes al cien por cien en el trabajo. Entiendo que la presidenta de la Junta de Andalucía se organizará para cubrir ambos frentes, el personal y el laboral. Pero alabo la posición de un marido que da un paso al frente para ejercer la paternidad responsable, que es de eso de lo que estamos hablando.

Iguales más allá de la ley

Veinte años después de la celebración de la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres, en Beiging, fui invitada la semana pasada a participar en la Jornada por la Igualdad a la F, organizada por el Colegio de Abogados de Talavera de la Reina, una jornada que se celebró en el Centro El Salvador, creado allá donde antiguamente hubo una iglesia del mismo nombre, de una belleza espectacular, por cierto.

Centro El Salvador
Centro El Salvador

Me llamó la atención la potencia de una jornada que incluso inauguró el ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el presidente del Consejo General de la Abogacía Española, con participantes de primera fila, como el presidente de la Diputación de Toledo, o la directora del Instituto de la Mujer de la Comunidad de Castilla-La Mancha, Araceli Martínez; Victoria Ortega, secretaria general del Consejo General de la Abogacía Española, Inmaculada Montalbán, presidenta de la sección 3 Sala Contencioso Administrativa del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía; Teresa Paramato, fiscal adscrita a la Fiscalía de Sala de Violencia sobre la Mujer, Fiscalía General del Estado; Elsa González, presidenta de la Federación de Periodistas de España; Pilar Cavero, socia abogada de Cuatrecasas; Virginia Yagüe, presidenta de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Audiovisuales); y Beatriz García Quismondo, directora comercial de Womenalia (estas tres últimas en una mesa redonda moderada por mí). Me llamó la atención la magnífica organización de la decana del colegio de abogados de Talavera, Marga Cerro. Podría haberme llamado incluso la atención la presencia del ministro, que como algunos asistentes ponderaban parece tener el don de la ubicuidad. Pero siendo todo esto importante, lo que de verdad me llamó mucho la atención fue que a lo largo y ancho de la jornada no dejó de hablarse y de ponerse de manifiesto la lacra de la violencia de género, como algo que realmente avergüenza a una sociedad que aún no ha logrado acabar con ella, como máxima demostración de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Se trataba de poner de manifiesto la evolución de la mujer en la Justicia, veinte años después de Beiging, así como de analizar la proyección laboral. Y así se hizo. Pero prácticamente no hubo ninguna intervención en la que no se mencionara la violencia de género, hasta el punto de que a las 12 al tiempo que en la plaza del Ayuntamiento se guardaba un minuto de silencio por el último caso de violencia, el centro El Salvador también era testigo de un nutrido grupo de asistentes de pie y en silencio, como manifestación de repudio. Esa fuerza social que se demuestra en esos actos en los que se envía un mensaje contra la violencia de género debería ser la misma que, una vez que la igualdad legal existe, impusiese la necesidad, social, de una igualdad real, total y de facto. Y para eso quedó patente la relevancia de la educación. Por supuesto en las familias, por supuesto en los colegios y, por supuesto, a través de los medios de comunicación. En cuanto a los medios se insistió en lo importante de transmitir mensajes que normalicen la igualdad, que sancionen al maltratador, que empoderen a la mujer, en lugar de transmitir otros que comúnmente dan una imagen de la mujer que lo único que hace es perpetuar fórmulas antiguas, prejuicios, mensajes que son limitativos frente a la necesidad de los expansivos.

“La violencia de género es una enfermedad”, decía Soledad Cazorla, fiscal de sala contra la violencia sobre la mujer, pionera de la lucha por la igualdad, recientemente fallecida y varias veces recordada a lo largo de la jornada, incluso aplaudida como homenaje por todos los asistentes. Y esa enfermedad fue recurrente como idea en Talavera de la Reina, de una manera espontánea cada vez que se hablaba de igualdad, que era todo el tiempo, puesto que a eso se dedicaba el día.

Desde luego no se olvidó el ámbito judicial, ni tampoco el laboral, para dejar claro, nuevamente, que aquellas carreras que se rigen por oposición tienen en la mujer

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Marga Cerro, decana del Colegio de Abogados de Talavera.

#ConLaTrataNoHayTrato

Una vez más la sala se quedó muda. Pero en esta ocasión, el silencio solo duró un segundo. Lo siguiente y muy rápido fueron los aplausos del público, entregado, con el estómago encogido y una buena parte sin atreverse a mirar al resto para no mostrar las lágrimas fruto de tanto dolor y tanta rabia como produce el documental Chicas Nuevas 24 horas, estrenado en la Cineteca del Matadero de Madrid.

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Mabel Lozano presentando su documental Chicas Nuevas 24Horas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decía que una vez más la sala se quedó muda, porque durante la presentación oficial del documental, que tuvo lugar en el Festival de Málaga, cuando acabó la proyección, el público quedó inerte y no rompió en aplausos hasta pasados unos segundos, como si no supieran qué hacer después de conocer la tragedia de las mujeres y niñas víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Este es el trailer:

Sin embargo, durante la premier del estreno en Madrid el público aplaudió a rabiar un segundo después de haber quedado mudo. Es cierto que se trataba de un público invitado, amigo, familiar, querido, adorador de Mabel y de todo lo que hace, y de ella misma, que lo merece.

El domingo, 6 de septiembre, último día de exhibición en la Cineteca de Matadero, en Madrid, no había público invitado. De hecho, hubo personas que ni siquiera pudieron entrar, repitiendo la dinámica de los dos días anteriores, en los que las entradas estuvieron agotadas y muchos hombres y muchas mujeres en el exterior ,sin posibilidad de acudir a la exhibición. Como decía una de las damnificadas, estos documentales tendrían que exhibirse más días, rompiendo con esas palabras un estigma y un prejuicio: en general, la gente huye de  temas como este, duros, tristes y que te ponen frente al espejo de la realidad, y documentales aquí en España no los ve nadie.

Era la segunda vez que yo veía Chicas Nuevas 24 horas. Y son ya tantas horas de haber escuchado a Mabel Lozano hablarme de su proyecto, desde que hace cuatro años me explicó el trabajo que quería hacer para dar a conocer el negocio en torno a la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Eran ya muchas horas de haber visto montajes. Eran muchas horas juntas en Perú, donde Mabel rodaba la parte peruana del documental -después de haberlo hecho en Colombia, Argentina y Paraguay-  y yo me documentaba para escribir mi novela Puta no soy, basada en el personaje peruano de su película, Yandí, una niña peruana de 15 años. Eran muchas horas de conversación y algunas discusiones amorosas, de amigas y compañeras de viaje. Era la segunda vez que veía el documental, y la distancia de la obra, que ya he explicado es poca, por cariño y cercanía, no me impedía una visión objetiva: Es un gran documental. Formalmente y en su fondo. Porque tiene ritmo. Porque está rodado en cine. Pero sus imágenes son bellísimas y su estructura es muy original. Y, sin embargo, no es esto lo más importante. Lo verdaderamente gratificante, aquello que me llega a mí y que ha llegado a quienes lo han visto es su capacidad, su gran capacidad, de influencia, su trascendencia, sus posibilidades de transformar el mundo, la vida, la sociedad. No es fácil acabar con un negocio que es el tercero ilegal más rentable en el mundo, tras el tráfico de armas y el de drogas. No es fácil precisamente por eso, porque es negocio, un negocio que mueve 35.000 millones de dólares en el mundo. Pero es necesario acabar con esa lacra que afecta a 4,5 millones de mujeres y niñas en el mundo, víctimas de trata para la explotación sexual. Por eso es fundamental el trabajo de Mabel Lozano, este y el que lleva realizando desde hace años. Como lo es el de organizaciones como Apramp  o el Proyecto Esperanza que trabajan para ayudar a estas mujeres, para tratar de integrarlas de nuevo en la vida cuando consiguen librarse de su esclavitud, que es la nueva esclavitud del siglo XXI. Por eso, y con toda humildad lo digo, es importante haber publicado mi novela. Porque se trata de despertar conciencias. La de los hombres, porque si no hay demanda no hay oferta, y se supone que un 80 por ciento de las mujeres que están ejerciendo prostitución no solo no lo hacen libremente sino que han sido víctimas de trata. La de las propias mujeres que han de empoderarse para no correr el riesgo de ser compradas por tratantes que las entregan a proxenetas que las explotan. La de las Gobiernos que han de invertir en la lucha contra la trata. La de la sociedad en su conjunto.

Chicas Nuevas 24 horas y su directora se merecen todos los premios posibles. Por la calidad del trabajo. Por la valentía. Por haber hecho un trabajo multidisciplinar que incluye el documental, pero también una exposición de fotos que podrá verse a partir del día 23 de septiembre en Casa de América, en Madrid, la web www.proyectochicasnuevas24horas.com y mi novela Puta no soy. Por abrir los ojos a hombres y mujeres. Por enseñar lo que pocos quieren ver, y es que la esclavitud está a la vuelta de la esquina y que no hay que viajar a países remotos para toparse con ella. Hubo ya hace muchos años un antes y un después en mi vida, justo cuando Mabel Lozano realizó su primer documental, Voces contra la trata, porque ahí entendí el problema y empecé a interesarme por él. Y nuevamente hay un antes y un después en mi vida con Chicas nuevas 24 horas, y no solo por haber escrito una novela, sino porque ahora ya no puedo despegarme del problema de tantas mujeres y niñas que necesitan oídas.

Y es muy importante la corriente que ha generado socialmente. Por eso este post se titula #ConLaTrataNoHayTrato , el hashtag que da nombre a la nueva campaña policial contra este delito, que es un delito contra los derechos humanos, y que se está difundiendo en los medios de comunicación y redes sociales. Es fundamental que se difunda y que se convierta en clamor. Como sería justo que la sociedad en su conjunto dé las gracias a personas como Mabel Lozano que ha dado vida, ha prestado la voz y ha puesto la imagen a estas mujeres y niñas hasta ahora invisibles.

 

¿Qué le ha pasado a la moda española?

¿Qué le ha pasado a la moda española?

En la medianía de agosto, en esos días en los que los italianos huyen de las ciudades y del calor de lo que llaman ferragosto y sitúan en torno al 15, pero que en el norte de España parece que el otoño se ha adelantado, tuve el honor de participar en el curso “Moda española 360º”, organizado por la Asociación de Creadores de Moda de España (ACME), en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, codirigido por su presidente, Modesto Lomba, y su directora, Pepa Bueno. Y me gustaría compartir alguna de mis reflexiones después de escuchar algunas e interesantes ponencias.

El título de este artículo y un curso de moda puede hacer pensar que voy a hablar de qué ha ocurrido después de Balenciaga, nuestra eterna y justa referencia, referencia de los grandes diseñadores internacionales. Y podría ser así. Podría decir por qué nos paramos tras su desaparición. Pero no sería justa, porque no ha sido el único y volveré más adelante a él y a sus secuaces. Prefiero irme más lejos en el tiempo, para justificar más aún el título y tratar de entender qué ha ocurrido para que no hayamos conseguido sacar la cabeza ni con planes económicos ni con ayudas estatales o autonómicas ni repitiéndonos que somos una potencia después de París, Milán y Londres, por hablar de Europa. Porque aunque no lo sepamos y no lo hagamos valer (algo que ha sido muy español y que, afortunadamente, cada vez alejamos más de nuestros fantasmas), nuestro país ha marcado tendencia y mucho más de lo que podríamos creer. Y no solo porque continuamente veamos las referencias a nuestro folklore y esencias en grandes creadores (Dolce&Gabbana, en su día Lacroix y el propio Yves Saint Laurent que declaró una vez que en sus colecciones siempre había una maja o una infanta, refiriéndose a las españolas y, es de suponer, a Velázquez).

Al parecer, y según la consultora de moda y doctora en literatura y moda, Marta Blanco, España fue una fuente de tendencias ya en el siglo XV, entre otras cosas debido a que si en Francia, por ejemplo, el modo de vestir que marcaba la Corte era mucho más encorsetado, en nuestro país la confluencia de culturas árabe, judía y católica nos hacía mucho más exóticos. Me llamó y nos llamó la atención escucharle hablar de los chapines, una especie de zuecos destalonados y con grandes plataformas de corcho, superpuestas hasta crear una gran altura. Se trata de un zapato que llegó a Europa desde España y que la especialista explicó que había sido fundamental a la hora de crear ese modo de andar tan cimbreante que, según ella, ha caracterizado siempre a las españolas.

Del siglo XVI es el primer tratado de sastrería. ¡Y es español!

Como también lo es el color de las damas, de las fiestas, del luto… y del lujo, el negro en la mejor versión de si mismo y que llega como algunos alimentos, con la colonización. Porque en América se encuentra el palo de Campeche, una materia prima capaz de conseguir que el negro se fije más y brille, con ese color tan característico que se conoce como ala de mosca y que hace del negro un color asociado al lujo por una única razón: era un producto costoso, que los mayas ya usaban para teñir y que reducía muchísimo el proceso del tintado puesto que ya no se requerían tantos baños de tintes como antes de su descubrimiento. De la misma manera que nos explicó que en el siglo XVIII era española la preponderancia de las ovejas merinas, que nos “robó” Francia, anulando ya para siempre una industria la de la lana en la que podíamos haber sido “grandes” de España. Y es también a finales del XVIII cuando frente al formalismo francés, aparecen los majos y las majas que exaltan lo local, lo nacional, los madroños, esa naturalidad de la que han presumido las mujeres españolas, y es el momento en el que queda fijada la chaquetilla del traje de torero. Pero lo cierto es que ese formalismo francés del XVIII está inspirado en el mismo formalismo español del XVII (según explicó la historiadora de la moda Charo Mora).

España moderna, España en tendencia, incluso cuando a principios del siglo XX un Mariano Fortuny revolucionario participa del llamado movimiento reformista de la moda que libera a las mujeres de los corsés antihigiénicos y crea el traje Delfos que estiliza el cuerpo sin modificarlo y que todo amante de la moda debe ver al menos una vez en la vida (tuve la suerte de admirarlo en el museo Smithsonian de Washintong donde lo enseñan sacándolo de una sombrerera), el traje plisado del que bebió el gran Miyake. Hablaba antes de Balenciaga, San Cristóbal, y que me perdonen la barbaridad de darle santidad, pero para la moda lo merece. Pero nos olvidamos siempre de que hubo más. Hubo un Antonio Castillo, que diseñó para Lanvin,  o los creadores españoles que ya en los años cuarenta desfilaron en Nueva York, como Pedro Rodríguez, famoso por sus drapeados, o Santa Eulalia, con su diseñador Pedro Fornosa (que ya entonces se había descubierto cómo una gran firma necesitaba un gran creador, aunque también nos lo haya enseñado la serie Velvet), la gran casa barcelonesa que según contó Charo Mora había deleitado a la sociedad barcelonesa con un desfile de Alta Costura, nada más acabar la Guerra Civil. O una gran desconocida, Asunción Bastida, o, lógicamente Pertegaz.

Hubo muchos más, hasta saltar a nuestros nuevos diseñadores, a nuestras actuales marcas de moda. Es más, siempre ha habido destellos, creadores que ha saltado a la palestra (hablo de creadores, no de fast fashion). Berhanyer o Carmen Mir, por supuesto. Como a finales de los 70 hubo un Adolfo Domínguez que despertó mentes con su “arruga es bella” y llegó a vestir al protagonista de Corrupción en Miami, encarnado por Don Johnson. O en los 80, Sybilla, y más tarde Ágatha Ruiz de la Prada, Custo Barcelona, que antes fue Custo Line, Armand Basi, Amaya Arzuaga, Davidelfín, Josep Font… Hablo de la relevancia internacional de aquellos que, entre otras cosas, gracias a sus  desfiles en París, Milán, en Nueva York o en Londres alcanzaron fama internacional y recogieron sus frutos en forma de apariciones en prensa. Como ocurre en la actualidad con Font que es el director creativo de Del Pozo, o los Alvarno, diseñando Azzaro, o como ocurrió con Cristina Ortiz, hoy al margen de las grandes marcas internacionales, pero que ha sido una de las más internacionales, como máxima responsable de diseño en Lanvin, Brioni o Salvatore Ferragamo, después de un largo paso por Prada. O como ocurrió con un carrera frustrada, la de Miguel Adrover, elevado al olimpo de los dioses por la diosa Wintour y que tras una colección azarosamente inoportuna de mujeres tapadas, contemporánea al 11 de septiembre trágico neoyorquino, se refugió en las mazmorras de un bar en Mallorca.

Puestos así, en fila india, cualquier profano se atrevería incluso a hablar de España como gran potencia, más aún sabiendo que casas tan emblemáticas como Carolina Herrera, Nina Ricci, Paco Rabanne o Jean Paul Gaultier son propiedad del grupo español Antonio Puig.

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Y, sin embargo, tengo que volver al título del articulo: ¿Qué le ha pasado a la moda española? Grandes creadores los hay. Pasarelas hay (en el curso “Moda española 360º volvió a discutirse sobre la necesidad de seguir celebrando la de Madrid y Barcelona, una discusión o reflexión que se repite desde hace más de veinte años), aunque basta haber visto media docena de desfiles internacionales para entender lo que nos aleja de ellos, que es mucho, en montaje, en casting, en instalaciones, en propuestas, aunque, insisto, la creatividad y la ilusión sea grande. En un porcentaje elevado de creadores, muchos de los que presentan sus colecciones en pasarela no distribuyen su moda en tiendas, sencillamente porque no las producen. La gran mayoría de los diseñadores vive de la confección a medida, de sus colecciones, de las de novia, de licencias de accesorios o de diseños colaterales. Cuando se produce esa moda, las cantidades son tan pequeñas que los precios son elevados. No existe una gran industria asociada a la moda, a pesar de que esta supone el 2,7 del PIB en nuestro país. Tampoco los medios de comunicación prestan la atención que se le da a la moda en otros países; pocas menciones; muchas veces en especiales separados, como si la moda internacional fuera la moda y la nuestra, “la otra”.  No queda mucho que explicar: la responsabilidad es compartida. Lo sería para bien, si hubiera un esfuerzo por dar relevancia a lo que en esencia es uno de nuestros valiosos tesoros: la creatividad. Como lo es para mal, cuando no somos capaces de  vendérnoslo y venderlo, por ende, al mundo.

 

Algo falla

Me resulta inverosímil que a una marca como Bic, los bolis de toda la vida, bic naranja, bic cristal, se le ocurra primero sacar una serie que venda para ellas, For Her, rezaba su publicidad de hace años, como si las mujeres necesitásemos un bolígrafo que escribiese diferente. Rosa. Violeta. Con los colores que supuestamente nos gustan a nosotras, cuando a nosotras lo que nos gusta es lo mismo que les gusta a los hombres, lo mismo que le gustaría a un chimpancé o a un oso si escribiera, y es que el boli escriba bien. Los hay que se sienten más a gusto con un trazo más fino. Los hay en cambio que prefieren el trazo grueso. Y en colores, existen doscientos mil en el mercado como para elegir sin necesidad de que te pongan en el cajetín de los tontos o los listos, de los rubios o los morenos. Pero lo más alucinante es que hace unos días la misma marca haya vuelto a meter la patita en el agujero de meterla y para celebrar el día de la mujer en Sudáfrica haya decretado que sus mujeres tenían ya un bolígrafo y que debían vestir como mujeres, ser cuidarse como mujeres, pensar como hombres y actuar como jefes. La polémica corrió por las redes como corre todo por las redes, a la velocidad que exigen los tiempos y por tierra, mar y aire, se extendió el mismo día por todos los países. Era el 8 de agosto y muchas mujeres se escandalizaron como yo. Muchos seres humanos como yo decidieron y dijeron que no volverían a comprar un Bic. La realidad es que la marca tardó un día en retirar la publicidad y en pedir disculpas. Y tú piensas cómo es posible que pueda cometerse tal tontería más que atropello, que también. Y acabas concluyendo lo mismo que concluyes cuando se produce algo similar, y es que dicen lo que piensan, hacen lo que piensan y en los filtros que pasa una campaña de publicidad como esta no extraña a nadie porque directamente han dicho lo que han pensando y a nadie le molesta. Lo que vulgarmente y en nuestro castellano decimos de que la cabra tira para el monte. Es tan absurdo, que rescato un programa de Ellen de Generis en el que se reía a mandíbula batiente de la tontería de crear un bolígrafo para mujeres.

En pocos días, otra foto se ha movido por las redes, pero esta al parecer no ha llevado ni a disculpa ni a nada. Zafia como ella sola, publicidad de una gran agencia de publicidad Saatchi, que ni corta ni perezosa ha puesto la trampa a la población australiana de incitar a probar un vino con una campaña en la que la copa aparece ahí donde se juntan las piernas femeninas y utilizando el triángulo de la misma en el mismo lugar y con la misma forma en la que un fetichista se imagina un pubis. En las redes también se ha movilizado los usuarios, aunque he de decir que con menos virulencia. Pero me ha sorprendido que se hablaba del machismo latente y sobre todo del mal gusto, que lo tiene, a pesar de que se haya inspirado, decían, en una fotografía artística de Chema Madoz (imagen que por cierto nunca me gustó). Se hablaba de zafiedad. Pero no se tenía en cuenta en muchas de las críticas que es en estos detalles, en estos micromachismos, en los que subyace la vieja fórmula social que lleva a al androcentrismo en el que se cimentan desigualdades, reminiscencias de supremacía masculina, con la que no se juega, que para los juegos…, para eso, ya estamos nosotras.