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Cada año, la misma pena

Hace unos días leí que en Australia habían hablado de emergencia nacional ante la realidad de 25 mujeres asesinadas en el primer trimestre de este año. ¡Emergencia nacional! ¿Y en España? ¿Deberíamos hablar también de emergencia nacional? 48 mujeres víctimas de la expresión máxima de la violencia de género. Matadas por sus parejas o ex parejas (nada de muertas, como aún se empeñan en decir algunas personas y en algunos medios). Asesinadas por quienes un día tanto las quisieron o dijeron quererlas. Es bueno recordarlo en noviembre, es necesario hacerlo el 25 de noviembre, día internacional contra la violencia ejercida hacia las mujeres. Fe-no-me-nal. Salvo algo: no lo olvidemos mañana en favor de otras causas. Esta no es que afecte a las mujeres, que por supuesto que sí, es que afecta a toda la sociedad. A nosotras por víctimas. A los hombres porque no es posible que la causa de la igualdad se ponga sin su intervención, no es posible perseguir la igualdad efectiva, una vez lograda la legal, sin su complicidad. A los niños, porque quedan huérfanos, y más que eso, quedan traumatizados para toda la vida, como no podría ser de otra manera, cuando incluso en ocasiones son testigos de la violencia y posterior asesinato (44 este año han quedado huérfanos y 4 han sido asesinados como una expresión más de la violencia contra sus madres).

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Hombres violentos.

Jóvenes que siguen manteniendo unos estereotipos que suponen su preponderancia sobre las mujeres, confundiendo amor con posesión.

Mujeres y jóvenes que mantienen estereotipos que suponen la preponderancia de sus hombres, confundiendo amor y celos, control y amor, como si la noche de los tiempos se hubiera empeñado de seguir en negro sin dar paso al amanecer, manteniéndose en  la sombra de la vida oscura sin capacidad de ver la luz, secuestradas en vida. Por eso mi empeño en que estas mujeres puedan vivir, incluirse, todo lo posible en ese otro mundo que para mí es solar, el mundo de la moda, de la estética, de la curiosidad por lo bello, porque eso también puede hacer feliz a quien solo y continuamente llora.

Es tan incomprensible el fenómeno, tan anormal, tan irracional, que resulta inaudito que hoy, en el siglo de la mayor comunicación posible, de la mayor información al alcance de cualquier mano y cualquier cerebro, se someta a esas mujeres a la violencia, mujeres que no entienden su situación, ni de donde viene y que ignoran hasta dónde puede llegar. Cuando esto además se produce entre los jóvenes, parece aún más extraño que consientan el trabajo en contra de su autoestima, que toleren el control ejercido sobre ellas, en muchos casos  a través de las nuevas tecnologías y las redes sociales, que asuman que un chico les dé un empujón o un bofetón. Y menos aún se entiende que con la ley que impera en nuestro país, una ley que con sus fallos es una gran ley, ejemplo para otros países, socialmente hayamos quedado tan anticuados.

La sumisión de quien exige al otro una forma de relación sometida. La sumisión de quien se empeña en salvar una pareja, sin entender que es su propia vida la que debe mantenerse a flote. El miedo de quien piensa que sus hijos perderán si se marchan, si denuncian… El dolor de quien no denuncia por no querer hacer daño a los hijos, sin ser consciente de que los hijos cuando sufren más es en la convivencia con la violencia y no digamos tras un asesinato de su madre. El trastorno anímico de quien siente que la amenaza, los golpes van a ejercer la auténtica presión constrictora de la víctima, infligiendo dolor y hasta la muerte si esta se resiste a su intención de reducirla a la mínima expresión de su personalidad. Así funciona la violencia.

Hay un continuo crecimiento de la concienciación, llegando hasta los programas de televisión. Y sin embargo hay un repunte violento y machista, de micros y macromachismos que impiden que hoy se acabe con una lacra, con una enfermedad social que empieza a afianzarse en los más primitivos estadios de la educación. Por eso el trabajo responsable de todos es necesario. Cada uno en sus puestos de su propio mando. Para recordar mañana, cuando ya no sea más el 25 de noviembre hasta 2016 que la violencia puede llegar a matar, pero que, además, hay que recordar esa otra violencia que se produce de manera mucho más sofisticada, de forma soterrada, la violencia psicológica, que en ocasiones se acaba ahí y en ocasiones se enreda y enreda hasta aniquilar por completo la autoestima, derivando en mal trato físico, pudiendo conducir hasta el asesinato.

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