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Abuela en construcción (12)

(Esta  semana me pongo al día, con el duodécimo capítulo del diario que comencé a escribir cuando supe que su madre, mi hija Cristina, estaba embarazada. Ahora ya la narración será todo lo en directo que me permita la vida.)

 

Semana 9

Camila ha cumplido ya los dos meses. Y ríe a carcajadas. O sea con ruido, bueno, con un poco de ruido, ¿vale?, con algo de ruido…; yo la oigo. Mira más que nunca y lo descubrí un día antes de que los cumpliera cuando le hablé por face time. Ella me miraba sin entender y a mí me emocionaba saber que la interacción había comenzado y que a partir de ahora cada día que no la vea podré hablarle, decirle tonterías, cantarle mimosa o a voces y que ella me mirará como si estuviera un poco loca, pero que llegará un momento en que me reconozca, si es que no ha llegado ese momento aún, y disfrutará de que la llame. Está muy bien disfrutar de videos pero mejor aún de su presencia aunque sea telemática.

2016-10-25-16-17-28Sus padres presumen de que duerme casi toda la noche de un tirón, o sea que desde más o menos la una o las dos de la madrugada, dependiendo de los días, duerme como un bebé hasta las 9 de la mañana. Se ha descrito el caso de dormir hasta las diez. Me sorprende tanta bondad. Y no sé si creérmelo dado que tienen relaciones con el mundo del marketing.

Yo no soy una abuela al uso. Creo. Para bien y para mal. Para bien, creo, creo, creo, porque no doy el turre con lo que hay que hacer o no. Espero seguir así de por vida. Para mal, porque mi actividad no ha frenado; ni soy la madre, ni tengo por tanto un permiso de maternidad. Ya me gustaría tener la posibilidad de cruzar Madrid cada día para ver a Camila, pero no way. Así que he encontrado la fórmula perfecta para paliar ese mi deseo, que según la niña se va haciendo más comunicativa será aún mayor: quedarme con ella alguna noche. Así sus padres descansan, se divierten sin más presiones que las propias y yo disfruto del bebé solo para mí (con la presencia de la tía que le ha dado el nombre, siempre que ella quiera) y para esas amigas que se mueren por verla, y que como dice mi hija se creen por cariño hacia mí un poco abuelas.

Semana 10

Entre que los padres tienen que disfrutar y que la abuela quiere generar lazos especiales con su nieta, propuse a mi hija quedármela un sábado por la noche, que acabó siendo sábado por la tarde, por la noche y domingo hasta la hora de comer.

Prueba superada.

Las tardes van siendo menos coliqueras, creo que nada, entre otras cosas gracias a las bolitas de colikin, un producto homeopático que está resultando ser mano de santo para los problemas digestivos de los bebés. Les regula los gases y las cacas, ese tema que se vuelve no por manoseado, con perdón, bastante recurrente, muy, muy recurrente, he de decir. Pero bueno, que la tarde ha sido magnífica, dándome tiempo hasta a trabajar. Nada como un bebé que duerme bien. Y si come…, lo que dicen, se les quiere mucho más, vaya, te caen mejor.

Es el caso.

La noche sin embargo ha sido bastante más corta que lo que me habían promocionado sus padres, que ya digo que tienen un poco que ver con el mundo del marketing. Pero aun así, he de presumir de nieta que apenas llora (eso sí, cuando coge, como dice mi madre, la perra, no la suelta, como si le hubieran dado cuerda) y que cuando se despierta porque tiene hambre se mueve mucho en la cuna, se destapa y te sonríe. Un auténtico lujo. El domingo lleno de familia, primos de 4 y de 2 años y uno de cuatro meses incluidos (en realidad son tíos, pero hemos quedado en que se llamarán primos) ha sido un poco menos tranquilo que la noche. Con una gran noticia: la fecha del bautizo, para juerga y alegría de todos. Lo confieso, cuando se ha marchado, cuando se han marchado, de hecho, mi padre me ha adivinado el pensamiento, diciéndole a mi madre: qué tranquila va a quedarse cuando nos vayamos todos. Y en efecto, así ha sido, aunque confieso también que con la marcha de Camila he sentido doble falta. Por perderla de vista un tiempo y al mismo tiempo me he sentido en falta por sentirme a gusto. Grandes contradicciones del amor. Y como ya me habían advertido: es bueno eso de que los nietos se vayan a vivir con sus padres, jajaja.

Semana 11

Tres grandes noticias:

1-Por fin le han puesto las primeras vacunas. Algo de fiebre, vaya una cosa mínima. Algo de mala noche, vaya una cosa mínima. Y… (esto es en sí una noticia)

2-Mi primera llamada con mi nieta por face time. Esta semana no la veré y su mamá ha querido que le hiciera cucamonas telemáticas y que viera además las “heridas” de guerra de las vacunas, unas tiritas sobre las rodillas, que me han resultado algo inverosímil para lo que se usaba cuando mis hijas fueron vacunadas. A la niña no se le notaba muy afectada, la verdad.

3-Me voy de viaje, lo que supone un fin de semana sin ver a mi nieta. Tendremos que echar mano del face time.

Semana 12

Una vez más he vuelto a hacerlo: he pasado la noche con la pequeña. Bueno, ella conmigo. Aparte de las incursiones facetimeras, la verdad es que he estado muchísimos días sin verla. Sin verla físicamente, porque fotos he tenido todos los días: dormida, despierta, medio vestida, medio desnuda, abrigada, desabrigada, con el pelo recién cortado y con las melenas anteriore2016-10-28-09-07-59s, que no eran de recibo, por cierto. Los videos van y vienen por el chat familiar como si estuviéramos haciendo una competición de Oscar, con tantos niños en la familia, pero los de Camila me sorprenden vivamente, por eso, porque cada vez se la ve más viva, más niña, más personita. Ahora ha comenzado a fijarse en sus manos y en sus pies.

¿No es emocionante? Sí, lo es, son pequeños detalles que indican el crecimiento adecuado. Junta sus manos, pone una sobre otra y no , no cruza los dedos ni agarra el chupete, pero sí se lo empuja con lo que encuentra cerca. Noto que se vuelve loca cuando empieza a mover las piernas, y no sé si se pone contenta porque las mueve o porque hago acto de presencia. Sé que es absurdo, pero ¿y si fuera esta segunda opción la buena? Mira, a mí mientras no me digan lo contrario me vale esa opción. Así que hemos pasado parte de la tarde (la que ha estado despierta, porque duerme mucho) de juerga porque movía las piernas. Y me ha hecho de todos los ajos, los gorgoritos, muy itos, pero gorgos al fin, como si respondiera a los míos, que digo yo que es eso, que sí, que me responde, piernas para arriba y para abajo, tratándola con delicadeza, pero cada vez con más acción. De hecho, le he hecho (valga la redundancia) el avión y no se ha puesto nerviosa, ni nada.

Ahora, cuando tiene sueño llora, como un pequeño gatito, tanto que he llega2016-10-28-09-08-00-2do a pensar si estaría afónica, lo que ligado a un gran catarro de su abuela podía ser muy pero que muy bonito. Y para que se duerma hay dos opciones, una la de sus padres, que es colocarla boca abajo y esperar a que se duerma eficazmente, lo que ocurre en pocos minutos desde que empieza, salvo que coja carrerilla. En ese caso, llega la segunda opción, la mía, que es cogerla. Y lo hago como si hiciera una maldad, yo creo que incluso pongo gesto de traviesa, sabiendo que es más que posible que lo capte como un mimo y lo haga costumbre, fastidiando a sus padres y a quienes la cuidan habitualmente, que obviamente no soy yo. Pero he de decir que la primera opción (ay, padres primerizos pero sabios) funciona muy bien.

Podría hablar durante horas de los ratitos robados al sueño y de los pequeños balbuceos de Camila, que quién diría que hace poco era un garbanzo. No lo haré porque hay algo más intenso: la mirada. Me mira. Y mucho. Y cuando lo hace (y ahora que lo escribo, porque lo recuerdo) siento casi, casi, la misma sensación que cuando su madre y su tía lo hacían. Porque intuyo que en esa mirada hay ya un poquito, un poquito, solamente por su parte, de amor, porque por la mía hay mucho.

Y resulta que no es que yo sea la más ocupada del mundo, pero lo soy y mucho, todos los que me rodean lo saben. Y me he vuelto a sorprender dejándome llevar por esas miradas, por esas sonrisas, por esos balbuceos, como si efectivamente hubiera venido a visitarme por sorpresa el primer amor, a ese al que nunca se le hacen ascos ni se le ponen peros porque tienes2016-10-28-09-08-00-1 mucho que estudiar, en mi caso, mucho trabajo. Como cuando lo hacían su madre y su tía.

Pero ahora con menos prisas. Recordaba que cuando estas escenas de amor se sucedían en la infancia de mis hijas, a veces me podía más la responsabilidad de otras actividades por hacer, generalmente en la casa.

Lo que tiene la edad: ahora prefiero encargar una paella a hacer una comida maravillosa y estar con la pequeña. Es más, he de confesar que en esta última estancia en casa, cuando sus padres llegaron a recogerla a media mañana, ella estaba preciosamente arreglada, como una princesa. Yo estaba en pijama. Hacía mucho tiempo que eso no me ocurría.

Por eso sé, desde ya que Camila va a convertirse en una válvula de escape para mí. Y yo intentaré serlo para ella.

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Sábado, 16 de enero de 2016

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